Mis raíces; El camino hacia la Educación Canina.

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Siempre he sido una enamorada de los perros, recuerdo que empecé hablar bastante tarde ,aunque obviamente no recuerdo el porque, recuerdo que mis primeros acercamientos sociales desde la infancia siempre fueron con los perros de mis vecinos. Siempre que venia de clase hacia los deberes a la velocidad de la luz para que mi madre me dejase ir a casa de la vecina de al lado la cual tenia una perrita mestiza ( o como se conoce aquí «palleira») hermosa y super jugueton.

Pasaba tardes enteras con ella y con el resto de los perros de los vecinos, casa por casa y a veces salíamos todos juntos a pasear.

Como podéis imaginar, siempre les pedí un perro a mis padres.

¿Qué quieres para tu cumple?

-Un perro

¿Qué quieres para Reyes?

-Un perro

¿Qué quieres por haber sacado tan buenas notas?

¡UN PERRO!

El tiempo pasaba y mi insistencia iba en aumento; recuerdo que hice «huelgas de silencio», «huelgas de hambre» (que obviamente duraban exactamente las horas desde la comida a la cena) y mogollón de hazañas que una niña pequeña pueda imaginar para lograr la respuesta que quiere.

Si bien es cierto que siempre la respuesta era; no.

Yo no me rendí nunca.

De hecho, un día subí la apuesta.

Recién cumplidos mis 18 años, me encontré un cachorro abandonado cerca del centro comercial y me lo lleve a casa.

«O te deshaces del perro o te vas tú con el»

Y me fui con Zion.

Trabajaba como profesora de danza y mi sueldo apenas llegaba para pagar una habitación; fueron meses de mudanzas continuas y estrés, cuyo desenlace fue la muerte de Zion y la vuelta a casa de mis padres.

Falleció un 20 de Abril a causa de una Peritonitis.

Cogí depresión, cuestioné mi papel en su muerte y una espina se clavó en mi corazón.

¿Podían el estrés y el vaivén emocional haber provocado la muerte de Zion?

Sin lugar a dudas; si.

Pasaron muchos meses hasta que logré volver a recuperar mi bienestar emocional. Esta vez ya tenia algo más de estabilidad económica porque además de trabajar como profesora de danza, también trabajaba como teleoperadora y profesora de Spinning y lo más importante de todo; tenía mi propia casa.

Nada podía salir mal.

Hasta que salió mal.

Rescate a Collie, un Border Collie que fue separado de su mami con apenas un mes.

No tardaron en salir problemas relacionados a su separación temprana. (problemas relacionados con la soledad principalmente y ya empezaba a aparecer ciertas pinceladas de inseguridad)

Poco después comenzaron a llegar la aparición de conductas de persecución y reactividad al movimiento. Que fue derivando hacia perros y hacia personas del sexo masculino.

Yo no entendía nada.

Sabía que algo estaba haciendo mal.

Escuché muchos «consejos de parque» por Adiestradores formados en la «Universidad de la vida» e hice cosas que a día de hoy me arrepiento.

Pero ninguno me terminaba de cuadrar.

Por aquel entonces ya me rechinaba el concepto de tener que enseñar a través del maltrato.

¿Por qué tenia que hacer daño fisico o verbal a mi perro para educarle?

No lo entendía.

Asi que me formé.

Me formé sin pretensiones más allá de ayudar a Collie y a mi misma a convivir de una manera equilibrada.

Pero descubrí que cada vez quería saber más.

Había logrado ayudar a mi perro desde el conocimiento y el entendimiento mutuo pero salía a la calle y a mi alrededor cada día veía a perros frustrados por no poder saludar a otros perros, a perros ahogados con las correas, a perros que la presencia de otro perro/persona suponía un miedo extremo, perros sentenciados a collares que causan dolor por el hecho de ser «dominantes».

Cada vez que salía con Collie a la calle era un sufrimiento, mirase para donde mirase.

Seguí formándome durante años con grandes especialistas del comportamiento canino como : Noemi Haro de «Ulises y Argos» Santi Vidal e Eli Hinojosa de la escuela «Más que Guau» entre otros.

Me deje una pasta libros, y en desplazamientos para seminarios, cursos y charlas e hice practicas en diferentes protectoras teniendo la suerte de trabajar con diferentes tipologías caninas.

Tuve que dejar mi trabajo como «teleoperadora» porque me estaba desgastando física y emocionalmente, aunque a partir de entonces acepte trabajos duros y con condiciones mediocres para poder seguir formándome y especializarme en «estrés».

No me cabe duda de que dejar el «infierno» laboral del mundo de las Telecomunicaciones fue un antes y un después en mi vida.

Llevaba mucho tiempo allí y había alcanzado un nivel de estrés (que al igual que le sucede a los perros) no me dejaba ver que la vida era más que «sobrevivirla» o «enfrentarla» si no que la vida estaba para vivirla y disfrutarla.

Y mis niveles de estrés bajaron y a «Oh My Dog» comenzó a gestarse sigilosamente y sin hacer ruido hasta hoy.

Puedo decir que mi único trabajo actualmente es ayudar a otras familias a convivir con sus perros teniendo como prioridad su bienestar a través del conocimiento, el trabajo y la observación.

Pero mi trabajo también es seguir formándome día a día para poder seguir ayudando con calidad a todas esas familias que lo necesitan.

Porque considero que cuando creemos que «ya lo sabemos todo» respecto a lo que sea, nos cerramos las puertas a la evolución.

Y porque si nadie se hubiese cuestionado los conocimientos que teníamos hace años sobre comportamiento canino actualmente seguiríamos pensando que la vía para la educación es el maltrato.

<<Porque vivir con miedo no es vivir,

es sobrevivir>>

Tamara Fernández





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