El síndrome de Estocolmo en perros y humanos.

El Síndrome de Estocolmo en perros y humanos.

El síndrome de Estocolmo es un término que fue utilizado por primera vez en 1973 después del atraco al “KreditBanken”, un banco situado en la Plaza Noormalmstorg-Estocolmo.

Este atraco duró seis días y mantuvieron secuestrados a cuatro rehenes los cuales sorprendentemente comenzaron a colaborar con sus secuestradores en contra de la policía que intentaba liberarlos.

De hecho, una de las rehenes trataba de convencer a otro rehén de que “se dejase dar un tiro en la pierna o brazo para que la policía se diese cuenta de que iban en serio”.

El nivel de colaboración y el vínculo afectivo que se desarrolló por parte de los rehenes hacia los secuestradores era totalmente alucinante.

Si quieres saber más sobre este primer caso que dio lugar al nombre del “Síndrome de Estocolmo” puedes ver un documental bastante completo pinchando PINCHANDO AQUI.

Este primer caso sirvió de referencia para casos futuros aunque no tan conocidos como:

El caso de Patty Hearst

Patty Hearst era la heredera de un periódico californiano que fue secuestrada por un grupo de terroristas en 1974.

Parece ser que desarrolló apego con sus secuestradores y se unió a ellos en un robo. 

Patty Hearst fue descubierta y recibió una sentencia de prisión, pero su abogado defensor alegó que a la joven le habían lavado el cerebro y que sufría el “Síndrome de Estocolmo”, un término que apenas se conocía y que se había acuñado para explicar los sentimientos supuestamente irracionales de algunas víctimas de secuestro hacia sus secuestradores.

El caso de Natascha Kampush

Natascha Kampusch fue secuestrada cuando tenía 10 años  estuvo encerrada en un sótano durante ocho años. Tras estos ocho años huyó de su secuestrador.

La policía afirmó que comenzó a llorar cuando se enteró de la muerte de su secuestrador, que se suicidó tras la huida de ella.

Kampusch llegó a decir que sentía que su secuestrador se había convertido en su familia.

En un libro que escribió sobre su tiempo en cautiverio  explicó cómo en algún momento se sintió agradecida a su secuestrador.

El caso de Jaycee Lee Dugard

Jaycee Lee Dugard fue secuestrada durante 18 años. 

Además de esto, fue violada repetidamente, lo que la llevó a dar a luz a dos hijas de su secuestrador.

Tras ser liberada, cuando Dugard fue interrogada por la policía, no quiso revelar su verdadera identidad y evitó decir nada que pudiera incriminar a su raptor.

Si bien es cierto que no hay grandes estudios al respecto del “Sindrome o Complejo de Estocolmo” debido a la gran diferencia de tiempo entre unos y otros,  actualmente se están haciendo estudios que extrapolan este tipo de “Trastorno” fuera de contextos de secuestro como pueden ser las relaciones de pareja tóxicas o trabajos con jefes y ambientes laborales nefastos.

(Seguro que ahora mismo estarás pensando que pinta esto en una web sobre educación canina; tranqui pronto lo sabrás)

El síndrome de Estocolmo se reconoce por los siguientes síntomas:

-Desarrollo de sentimientos positivos hacia su agresor llegando a empatizar y establecer lazos afectivos.

-Desarrollo de sentimientos de rechazo hacia cualquier persona que trate de ayudarla o alejarla de esa situación, rechazando cooperar en contra de su agresor.

-Desarrollo de la creencia de que comparten los mismos objetivos y valores.

Permanencia de los sentimientos positivos hacia su agresor, incluso después de su liberación.

Seguro que te estarás preguntando porqué ocurre esto, pues bien:

Este trastorno pasajero aparece en personas que son raptadas contra su voluntad, que en un principio temen por su vida, pero a medida que pasa el tiempo y establecen contacto con su raptor, creen que el riesgo no existe.

Las víctimas pueden llegar a generar este síndrome como un mecanismo de defensa y supervivencia.

Dentro de las condiciones que se tienen que dar para que esto ocurra, una de las más importantes es que en un primer momento la víctima crea que su vida corre peligro para que más adelante esta situación cambie y crea que el agresor es la única persona que puede aportarle la seguridad que necesita.

Y aquí es donde los “perros” entran en juego.

Por desgracia he tenido que hacer algunos rescates en los que los perros maltratados no querían despegarse de sus tutores a pesar de todo el daño que les habían ocasionado. 

Perros desnutridos, utilizados para peleas, golpeados y con serios problemas físicos y emocionales que se han creído que esa es la vida que se merecen vivir y que sus maltratadores son sus dioses.

Que santa pena, de verdad.

Pero es que no hace falta irnos a los extremos para ver similitudes del Síndrome de Estocolmo en perros al igual que en personas.

De hecho, yo lo veo mucho más de lo que me gustaría.

Seguro que todos visualizamos la imagen del típico “perro modelo” que se porta “estupendamente” y que hace todo lo que se le pide a la primera y con una prisa interesante en satisfacer las demandas de su tutor.

Recuerdo un rescate en el que colaboré con una protectora para sacar a un perro con serios problemas físicos debido a las palizas y a la desnutrición que sufría día a día. 

Para que os pongáis en contexto;

Cuando hacía rescates con otras protectoras, refugios o santuarios primero agotábamos la vía “diplomática” tratando de que el tutor del perro nos firmase un papel conforme nos cedía de manera voluntaria el perro. De esta manera nos aseguramos de que el perro salía de ahí lo antes posible.

Si esto no funcionaba ya pasábamos a llamar a la policía y esperar la eternidad programada para el juicio. (Mientras el perro  pasaba meses o incluso años en esa misma circunstancia)

Total, que una de las excusas para no firmar la cesión del perro era que cuando el  llamaba al perro, este le respondia a la llamada yendo hacia el. Entonces “no estaba maltratado porque si no no respondería su llamada”

Tócate las narices Mariloli.

Años de estudios para que se utilice como argumento que el perro no está maltratado el hecho de que responde a la llamada de su maltratador.

En este caso era evidente que el perro estaba en una posición de sumisión total (mira que no me gusta utilizar esta palabra porque se ha ensuciado durante años, pero en este caso es así) en la que su instinto de supervivencia le ha obligado a adaptarse a la mierda de vida que le ha tocado vivir porque desconoce otra cosa y aunque estuviese desnutrido, las pocas bolas de pienso que le daban, fueron recordadas y guardadas en su mente como oro en paño. 

Porque si la mano que te alimenta es la misma que la que te mata, intentarás hacer todo lo posible para que no te mate rindiendo pleitesía a sus deseos, anulando tus necesidades y aceptando que sentir dolor forma parte de la vida.

Porque el agresor pasa a ser una figura de “dios o ente superior” el cual tiene nuestra vida en sus manos.

Ahora vuelve a recordar al “perro modelo” del parque de turno.

No quiero decir que esos perros estén maltratados al mismo nivel que el ejemplo anterior, pero haberlo lo hay.

Menos violento seguro, quizás las patadas sean convertidas en “toques” en las costillas o en el cuello . O quizás por pequeñas asfixias momentáneas producidas por un collar de ahorque. También podemos encontrarnos la variante de los calambrazos en el cuello.

O tal vez el uso constante del autoritarismo e inhibición acompañados de vez en cuando con comportamientos pasivo-agresivos.

En fin, no me gusta caer en generalizaciones y no lo voy hacer, pero estaría bien observar con detenimiento la relación que tienen aquellos perros “modelo” y cerciorarse que sus respuestas no están basadas en el miedo.

Para concluir esta entrada, me gustaría hacerlo con una frase que, bajo mi punto de vista, podría resumir muy bien el síndrome de Estocolmo, tanto en perros como en personas:

Me das miedo pero te necesito.





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