

A menudo, durante las sesiones con diferentes clientes en parques o zonas en las que hay muchos perros sueltos que parecen atender a todas las indicaciones de sus guías al dedillo. Muchos clientes comentan con cierta envidia «Mira ese perro, le hace caso a la primera cuando lo llaman, sin embargo este…» (señalando a su perro) A lo que muchas veces respondo: «Estas viendo dos minutos de toda una vida de ese guía y ese perro, no puedes saber cuan de «obediente» es de una manera objetiva», y otras veces les invito a parar y observar. Y lo que vemos son perros al otro lado del parque que responden en un periquete porque del otro lado esta su propietario pulsando un botón que acciona descargas o vibraciones al collar del perro.
Pero no siempre es tan evidente.
Si nos quedamos un rato largo observando vemos que si uno de esos «perros modelicos» no responde a la primera llamada de su guía, este se dirige hacia el lanzando todo tipo de improperios. Y que una vez que llegan les dan el famoso y cancerígeno «toque de costilla» o cualquiera de sus derivaciones (toque en el morro,en la cabeza,etc)
Seguimos observando y vemos a otro de esos perros que en cuanto su guía le llama va corriendo a ritmo vertiginoso, pero no con un trote disfrutón, si no con una galopada intensa y una postura corporal de preocupación máxima. Ese mismo perro cuando llega se tumba con las orejas lo más atrás posible y hasta se le escapa un poco de pis. «Mira que contento le pone que le llamen, hasta se mea»
No mi ciela, ese perro esta acojonado.
Y ya no estamos hablando solo del pis (que también) Aunque en cachorros ante cualquier evento mínimamente emocionante relaja el esfinter y se «les escapa»
Si no de toda la retahíla de comunicación previa del perro hacia el guía desde el momento de la llamada. Esa preocupación por llegar a tiempo y esa inseguridad a la llegada de «¿Que me dirán ahora? ¿Habré tardado demasiado?» Porque uno de las emociones principales en estas circunstancias es el miedo, pero va acompañado con la incertidumbre.
La incertidumbre no es amiga de los perros y menos si es diaria.
Un perro que responde a la llamada no puede venir con la incertidumbre de si le tocara «ostia o premio» porque o dejará de venir o poco a poco, o por miedo a las posibles represalias vendrá a la primera pero la seguridad y confianza en si mismo y en su guía se verán gravemente debilitadas con todo lo que eso conlleva a largo plazo.
En muchas ocasiones solo basta con pararse y observar un rato.
Y ves que no todo es tan bonito como parece, hay muchos más perros de los que creemos atemorizados bajo el yugo de la imposición e inhibición de sus guías.
Estos mismos perros tienen todas las papeletas para acabar desarrollando problemas conductuales o, peor todavía, problemas de salud. Porque todo ese distrés que se causa a grandes cantidades día a día en la vida del perro, pasa factura por un lado o por otro.
Y es que los perros hacen un gran esfuerzo por adaptarse a nuestro mundo y lo único que reciben por nuestra parte son exigencias y limitaciones.
Estoy de acuerdo en que tiene que haber una serie de limites/normas con nuestros perros, pero no estoy de acuerdo en que haya que utilizar la imposición, la inhibición ni mucho menos la violencia para conseguirlas.
Yo quiero que tanto mis perros, como los perros de mis clientes, vengan a la llamada o hagan lo que les pida porque como individuos que son, han valorado la situación, sopesado las alternativas y han elegido la mía.
Quiero a perros que vengan a la llamada al galope porque saben que si están con nosotros van a estar bien.
También quiero a perros que ante la llamada vengan con un poco de remoloneo porque se sienten seguros de expresar sus preferencias.
Lo que desde luego no quiero, son perros que ante la llamada de sus guías se meen de miedo por las posibles consecuencias de su llegada.
Así que desde aquí, te invito a que la próxima vez que sientas esa «envida» te pares a observar si ese referente que has elegido dejándote llevar por una imagen subjetiva y momentánea, se merece realmente ocupar ese puesto.
Porque no es oro todo lo que reluce.
NO CONFUNDAS A UN PERRO QUE «OBEDECE» PORQUE CONFÍA EN SU GUÍA, A UNO QUE LO HACE POR MIEDO A LAS REPRESALIAS
Tamara Fernández
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